Cuidado con quitarse la mascarilla tras la vacuna: infectarse es posible

Los sueros actuales no son esterilizantes y, aunque bajo, el riesgo de contagio existe

En Israel y Gibraltar ya no es obligatorio el uso de la mascarilla. La razón: que el porcentaje de población vacunada ha superado el umbral necesario para conseguir la llamada inmunidad de grupo. La suya es una imagen sugerente y esperanzadora de lo que puede estar por venir en el resto de lugares en los que ese objetivo aún no se ha alcanzado. También Estados Unidos ha abierto la puerta a quitársela en reuniones entre personas vacunadas, y esta misma semana ha sido la Unión Europea la que baraja flexibilizar esta medida, entre otras, en el Viejo Continente.

Sin embargo, una sombra de duda planea sobre tan liberadora decisión: ¿no es un poco precipitado? Y, sobre todo, ¿es realmente seguro? Estas preguntas surgen por dos motivos, principalmente: de una parte, porque se sabe que las vacunas desarrolladas hasta ahora protegen frente a la Covid grave, sin embargo, aún no está claro que eviten la infección y, por tanto, la transmisión del virus, pues no son lo que en Medicina se denomina vacunas esterilizantes; por otra, por la posible irrupción de nuevas variantes de SARS-CoV-2 frente a las que las éstas no protejan.

Un ejemplo de ello es, por ejemplo, lo que le pasó al presidente de Argentina, Alberto Fernández, que dio positivo dos meses después de ponerse las dos dosis de la vacuna rusa Sputnik con la que fue inmunizado. Y es que, aunque poco frecuente, la infección por el SARS-CoV-2 tras haber recibido la vacuna es posible.

Las cifras

Pero, ¿qué dicen las cifras y los expertos? Lo cierto es que no hay muchos datos al respecto aún. Uno de los pocos registros lo tiene los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, que han identificado una pequeña cohorte de aproximadamente 7.157 casos de infección por Covid-19 entre más de 87 millones de estadounidenses que han completado el programa de vacunación (según los últimos datos correspondientes al 20 de abril). «Esto supondría el 0,008% de los vacunados, y de ahí algunos casos que han sido graves, pero suponen el 0,0005%, una cantidad ínfima», explica Borja Orive, investigador y profesor de Farmacia de la Universidad de País Vasco.

Otro informe de los CDC, publicado esta semana, recoge que entre cerca de 15.000 residentes y miembros del personal de centros de enfermería especializada de Chicago, se produjeron 22 posibles infecciones por SARS-CoV-2 entre personas completamente vacunadas más de 14 días después de su segunda dosis. Dos tercios de las personas estaban asintomáticas. Una minoría de personas con infección irruptiva experimentó síntomas similares a la Covid-19 de leves a moderados; ocurrieron dos hospitalizaciones relacionadas con Covid-19 y una muerte.

Como explica Carlota Dobaño, responsable del Grupo de Inmunología de Enfermedades Infecciosas del ISGlobal, centro impulsado por la Fundación laCaixa, «demostrar los casos de infección en vacunados es difícil porque, dada la eficacia de las vacunas para evitar la enfermedad, sería muy caro y complejo y supone tener que hacer un seguimiento de estas poblaciones ya vacunadas, mediante la realización de PCRs semanales para detectar los casos asintomáticos».

Precisamente un estudio español realizado por la Generalitat de Cataluña ha hecho algo parecido: analizar los efectos de la vacunación sobre la hospitalización y la mortalidad en residencias de ancianos y trabajadores sanitarios: que incluye a 28.594 residentes de residencias de ancianos, 26.238 personal de residencias de ancianos y 61.951 trabajadores de la salud en Cataluña. Y la conclusión es que la vacuna de Pfizer se asoció con una reducción del 85% al 96% en la infección por SARS-CoV-2 en los tres grupos, y mayores reducciones en las hospitalizaciones y la mortalidad entre los residentes de hogares de ancianos hasta por dos meses.

«Al hablar de infección y no de enfermedad es positivo, puesto que eso supone que a estas personas se les ha hecho seguimiento con PCR», explica Dobaño, quien recuerda que, pese a los buenos datos, «hay que ser cautos aún porque aún hay mucha población que se puede contagiar y por eso puede ser un poco peligroso quitarse ya a mascarilla. Aún hay mucho virus circulante».

Pfizer y Moderna

Se espera que, en los próximos meses, Pfizer y Moderna den a conocer las cifras que deben indicar con qué frecuencia las personas vacunadas se infectan con el coronavirus, incluso si no tienen síntomas. Ambas farmacéuticas han hecho pruebas a participantes en sus ensayos clínicos en búsqueda de anticuerpos a una proteína llamada N que es parte del virus, pero no así de la vacuna. El hallazgo de esos anticuerpos significa que una persona vacunada ha sido infectada por el SARS-CoV-2.

Mientras, y como asegura Orive, «sabemos que las vacunas son muy eficaces, pero no al 100%. Están diseñadas para no tener Covid, no para que uno no se reinfecte y, aunque la posibilidad es bajita, no se puede hacer lo que se quiera, pero es normal que en lugares como Israel se flexibilice las medidas, sobre todo en espacios abiertos, hay que seguir teniendo cuidado en interiores. Me da esperanza y son un espejo en el que mirarse». El tiempo dirá.

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