La industria ‘farma’ española se reivindica: mascarillas made in Spain toman el relevo a las chinas

Los primeros meses en la lucha contra el Covid-19 han legado dos problemas de enorme gravedad íntimamente ligados. El primero de ellos, las dificultades del Gobierno para importar equipos de protección individual, que podrían haber evitado miles de contagios. El segundo, la dependencia extraordinaria de China, que en algunos casos ha llevado a la compra de material de deficiente calidad y, en otros, a la importación, por ejemplo de mascarillas, que han llegado tarde y sin garantías.

Compañías especializadas, asentadas en el sector farmacéutico y sanitario como el Grupo Farmaquivir, están pisando fuerte en pleno rebrote de la pandemia, apostando por la cantidad y la calidad en la fabricación de mascarillas. Su CEO, Javier Coterillo, se ha propuesto “poner en valor la ‘marca España’, mostrar el músculo que puede y debe tener la industria española y, sobre todo, demostrar que es el momento de ser especialmente útiles, porque nos jugamos el bienestar de todos”.

¿Puede España ser autónoma en el abastecimiento de mascarillas?

Debemos ser claros. La mala gestión de las fábricas de China durante los meses más duros ha provocado situaciones de deslealtad y de abuso. España es una gran potencia europea, y entiendo que por muchas razones los empresarios del sector estábamos obligados a apostar por productos competitivos, por desarrollar nuestras propias líneas y atender cuantos pedidos fuesen necesarios, con todas las certificaciones y toda la solvencia.

Y ahí está la apuesta por las mascarillas N95 FFP2…

Es un punto de arranque. Llevamos años trabajando de acuerdo a todos los estándares que impone la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) y la Agencia Europea del Medicamento (EMA). Contamos con todas las homologaciones para Europa y Estados Unidos. Quiero insistir en el aspecto técnico y científico que va aparejado a un producto de uso diario como las mascarillas. Estamos especializados, somos fiables. Y no podemos bajo ningún concepto tener manga ancha ante una cuestión tan delicada. Las autoridades deben ser especialmente vigilantes ante el intrusismo y ante los oportunistas.

Se ha extendido la idea de que la mascarilla es más un complemento que un medio para proteger nuestra salud y nuestra vida…

Lo que se dirime aquí es quiénes son capaces y están en condiciones de ayudar a frenar una hemorragia que ha dejado decenas de miles de muertos y que deja miles de infectados cada día. Es un tema estrictamente de salud. Venimos para apostar, y ya lo estamos haciendo, por materias primas, incluidos tejidos de la máxima calidad y con todas las homologaciones. España no puede permitirse fallar, o fallar más, de ahí que en nuestra fábrica matriz, en Sevilla, hayamos dispuesto ya las mejores tecnologías para fabricar millones de mascarillas al mes.

¿Está España en condiciones de fabricar otros productos sanitarios básicos para luchar contra la pandemia?

Soy un convencido del potencial y de la realidad de nuestra ‘industria farma’. Llevo una década en ella, día a día. Y estamos en el empeño de producir guantes, pantallas, gafas o batas. Incluso vamos a involucrarnos en el desarrollo de respiradores y test. Por desgracia, creo que no podemos encarar este desafío con una mentalidad táctica sino estratégica: hemos de poner las bases para responder al Covid-19 hasta el descubrimiento de la vacuna… y más allá. Un golpe de esta naturaleza a la sociedad mundial no sólo ha cambiado nuestra forma de trabajar o de organizarnos o de relacionarnos… ha alterado nuestra propia forma de pensar, y diría que está influyendo más de lo que pensamos en nuestra propia escala o pirámide de valores. El Grupo Farmaquivir está firmemente comprometido en trabajar el I+D. Estamos pensando en las generaciones del presente y del futuro.

Usted, como directivo, defiende la aplicación de la inteligencia emocional al mundo de los negocios. ¿Tanto va a cambiar, empresarialmente hablando, el mundo poscoronavirus?

Fíjese, un aspecto especialmente relevante del que creo que todos tendríamos que aprender es que en una sociedad global, en un mundo interconectado, en un escenario en el que todas las compañías importantes presumen de ejercer la responsabilidad social corporativa, la transparencia en los negocios debe ser un pilar de este tiempo nuevo. Eso significa combatir la opacidad, cumplir con la palabra, con los contratos, con las obligaciones entre las partes… Puede parecer una cuestión básica, que siempre debería estar ahí, pero lo que quiero subrayar es que vivimos un momento de ‘reset’, y cada uno debe entenderlo desde su posición y desde lo que representa, personal y profesionalmente ante la sociedad.

¿Habrá ganadores después de esta pandemia que ya está desembocando en crisis social y económica?

Creo que todos podemos y debemos sumar. Venimos y estamos en el sector farmacéutico. Eso significa que estamos volcados desde años en algo tan esencial como la cura de enfermedades y la mejora del bienestar de las personas. Ésa es nuestra esencia. A partir de ahí, creo que los directivos que podemos poner nuestro granito de arena en que este país gane hemos de hacer bien nuestro trabajo: identificando dónde está el cambio, generando los mecanismos para guiar ese cambio y liderando a equipos que sientan y vivan su día a día. Estamos ante un desafío colectivo y todos somos necesarios.

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